La violencia intrafamiliar tiene muchas incógnitas implicitas que sólo a veces se manifiestan de manera clara en la vida cotidiana. Una de ellas es probablemente la expresión: 'Esto es mío, casi mío o de mi familia y hago por eso lo que quiero'. El lugar puede ser la casa, el auto, la oficina o la calle, pero la errada idea guía es la misma: la convicción de poder que otorga la idea de ser 'dueño' de algo, de alguien o de una situación. Idea errada que abre a veces puertas a la agresividad de quién, preso de esa paradoja, deja de ser dueño de sus actos en el momento que recurre a la violencia. Idea que lleva a buscar obediencia y que deja como uno de sus efectos el amargo sabor de una transgresión a las personas y a los lugares de vida así como también la momentánea incertidumbre que surge al ver cuestionada la integridad de la esfera individual o social.
Experiencias que dejan frente a la tarea de perseverar en la búsqueda del conocimiento para entender y prevenir la 'lógica' de una agresividad que, de momentos, se adueña de la vida cotidiana. Porque si la empatía faculta para percibir o entender los motivos o razones de otras personas, contiene también el desafío de desarrollar la facultad de encontrar respuestas asertivas a dichas situaciones.
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