Blogs. - El Universal mx, Línea UAM, 24/05/2011.-
Durante los últimos años hemos escuchado frecuentemente tanto en las noticias, en la televisión, como en los periódicos un termino que describe una serie de conductas de hostigamiento y acoso entre compañeros de escuela. A pesar de que esto ha existido desde hace mucho tiempo, es ha últimas fechas que se le ha dado mayor importancia y dado un nombre: BULLYING. Esta serie de acciones y conductas tienen como eje central la violencia y que se han visto representadas dentro de un marco escolar, nos hacen reflexionar respecto a sus origenes dentro de la mente de un escolar.
En sí misma, la escuela no es la generadora de violencia; más bien es un espacio donde podemos observar las conductas de interacción grupal entre niñas y niños, jugando a reproducir vivamente lo que han experimentado en el hogar; la realidad cotidiana entre padres e hijos dentro de la privacidad de su casa que se VE proyectada en la dinámica escolar: un espacio que (bien llevado) puede fungir como contenedor emocional y psicológico para los niños.
En las escuelas no se habla de afecto ni amor sino de materias y temas que los jóvenes deben aprender y desarrollar. Asimismo, en muchas familias tampoco se habla ni se expresan las emociones. Luego entonces ¿en dónde los niños y niñas encuentran ese soporte fundamental para la vida que es el afecto y el amor? Afecto y amor entendidos como aspectos significativos que refieren la manera en la que son aceptados, valorados y tomados en cuenta; como parte de su crecimiento psicológico; es decir, a los infantes y a los jóvenes hay que alimentarlos emocionalmente reconociendo sus logros y apoyándolos en sus fracasos.
Las carencias tanto económicas, como emocionales, los problemas de género, el tema de la sexualidad, la baja autoestima, la falta de oportunidades de realización grupal e individual, el poder y control del padre o la madre (quien ejerce la autoridad familiar), el abandono y ausencia de madre o padre, la soledad, el aislamiento, el desempleo, etc. son variables que crean niveles de violencia manifiesta y latente que dan como resultado hijos frustrados, enojados y resentidos; la depresión está presente en muchos de los integrantes de las familias y esta condición existe como fundamento, sustrato y sustento de las conductas violentas y agresivas que los jóvenes llevan a las escuelas, donde realmente representan y depositan sus frustraciones.
Por lo tanto, detrás de la acción violenta de niños y jóvenes, existe un problema de depresión que se ha desarrollado, en algunos casos, desde muy temprana edad en los individuos. Aquí no importa si los infantes tienen 8 o 15 años; lo relevante es cómo tales personas se viven a través del bullying, no únicamente como una expresión de rechazo e ira, sino como parte de un juego profundamente agresivo y, por lo tanto, descalificador. Decimos juego porque el bullying se está entendiendo como una recreación “normal” entre los jóvenes.
¿Entonces, cuáles son las opciones ante tal problema? No existe estimados lectores una sola alternativa, sino un conjunto de posibles soluciones que van desde los programas preventivos – informativos para padres, hijos, profesores y autoridades escolares hasta el apoyo terapéutico especializado.
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