viernes, 1 de abril de 2011

Políticas pro familia - editorial - El Mercurio 01/04/2011

El Mercurio, editorial, 01/04/2011.-

La sociedad chilena ha experimentado fuertes transformaciones durante los últimos 50 años. La composición de las familias es cada vez más dinámica, y la nupcialidad ha disminuido, al tiempo que han aumentado las uniones consensuales y los divorcios. En 2010 se celebraron 62 mil matrimonios -en 1990 superaban los 100 mil- y los divorcios llegaron a 50 mil. Los hogares biparentales siguen siendo mayoritarios, pero cada día son más las familias monoparentales y aquellas en que el jefe de hogar es una mujer. Por otra parte, la tasa de fecundidad es de 1,9 niños por mujer -bajo la tasa de recambio.



La forma de familia predominante no resulta inocua: existe abundante evidencia de la relación entre el tipo de hogar que se constituya y la vulnerabilidad a que se está expuesto. Así, el que cada vez sean más las mujeres responsables exclusivas de su núcleo familiar las expone en mayor grado a la pobreza, y el que vaya en aumento la cantidad de hogares monoparentales es preocupante, pues en ellos hay una tendencia mayor a conductas de riesgo social. Dada esta realidad, es positivo que el Gobierno busque fortalecer la familia mediante políticas públicas. En marzo se anunciaron varias iniciativas que buscan mejorar el sistema de protección social y promover una sociedad en que la familia, entendida en sentido amplio, cumpla un papel fundamental. Así, la promulgación de la ley que establece el "bono bodas de oro", la primera etapa del ingreso ético familiar, el proyecto de extensión del posnatal y las modificaciones al sistema de puntaje para postulaciones al subsidio habitacional son pasos que establecen los incentivos correctos y no son neutros en cuanto al mensaje que transmiten y los efectos que causan.

El referido bono -consistente en la entrega de 250 mil pesos a los matrimonios que, perteneciendo a los primeros cuatro quintiles de ingreso, hayan cumplido 50 años de casados entre el 1 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2013- posee un alcance social simbólico, más allá de lo monetario. Un alto efecto práctico parece llamado a tener el cambio en el sistema de asignación de puntaje para postular al subsidio habitacional, por el cual las parejas que tengan hijos y vivan juntas reciban mayor preferencia que los padres solteros a cargo de los hijos, sistema que, además, se prestaba para abusos de no pocos postulantes, que se distribuían a los hijos para presentarse por separado. Interesante es el diseño del ingreso ético familiar, pues no sólo se construye sobre la base del núcleo familiar, sino que introduce un factor de corresponsabilidad entre éste y el Estado, exigiéndose, por ejemplo, que los hijos tengan una asistencia escolar superior al 85 por ciento.

La administración actual quiere imprimir un sello distinto al sistema de protección social, dejando de lado la concepción asistencialista y paternalista de la superación de la pobreza, para avanzar hacia un sistema de promoción social que considere también la responsabilidad individual. De mantenerse esta aspiración en los próximos años, podría transformarse en uno de los principales legados del actual gobierno.

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