domingo, 20 de noviembre de 2011

Familia y bienestar - editorial - El Mercurio 19/11/2011

El Mercurio, editorial, 19/11/2011.-

La relación entre familia y bienestar es determinante en el desarrollo social y económico. Un reciente estudio sobre “Dividendo demográfico sustentable”, elaborado por la Universidad de Virginia en conjunto con universidades de diversos países —entre ellas una chilena—, afirma que la sostenida baja de la tasa de fecundidad en la mayoría de los países desarrollados y en desarrollo tendrá un impacto directo en su capacidad económica, como consecuencia de la disminución de la mano de obra y del consumo, y redundará en una mayor dificultad para sostener un costoso sistema de Estado de Bienestar.



Igualmente, investigaciones realizadas por la ONU estiman que en los próximos 40 años el 53 por ciento del crecimiento de la población obedecerá a un aumento de los mayores de 60 años, mientras que sólo el siete por ciento corresponderá a menores de 30.

Este cuadro demográfico trae aparejada una serie de cambios en los comportamientos económicos; por ejemplo, en el consumo: un matrimonio con hijos tiende a trabajar más para sostener a la familia y consume gran variedad de productos relacionados con la crianza de aquéllos, dando vitalidad a la economía. Los solteros, en cambio, destinan más recursos a la entretención y al pasatiempo. De allí que la sostenida baja en los matrimonios y la natalidad esté afectando directamente las economías locales, que deben mantener a una mayoría de adultos mayores y enfrentar una creciente escasez de mano de obra. Algunos países europeos ya experimentan el descenso de su fuerza laboral, pese a la corriente inmigratoria.

Chile no es ajeno a este fenómeno. La abrupta caída de la tasa de fecundidad —en una generación se pasó de alrededor de cinco hijos por mujer a menos de dos— anticipa un rápido envejecimiento de la población. La disminución de los matrimonios, la menor estabilidad de las parejas, los mayores costos de la crianza, entre otros factores, han contribuido a reducir los nacimientos. Es decisivo implementar políticas públicas que ayuden a revertir esta tendencia. A los inconvenientes que implica un cuadro demográfico de pirámide invertida —en el cual la minoría activa debe solventar los costos de una mayoría pasiva—, se añaden los efectos regresivos de las rupturas matrimoniales, las familias uniparentales y el embarazo adolescente. Políticas sociales que incentiven la estabilidad conyugal y la maternidad responsable, y que mejoren el acceso y la calidad de la salud materna; programas de viviendas sociales apropiadas para padres con hijos, entre otras iniciativas públicas orientadas a la familia, permitirían contrarrestar los efectos negativos que ya se observan en muchos países afectados por los cambios demográficos que también se evidencian en la sociedad chilena.

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