La Nación, 18704/2011
El debate sobre la extensión del posnatal se ha enrarecido especialmente en sus derivaciones laborales relacionadas con la posibilidad de que se afecte la empleabilidad de las mujeres al tener la opción de estar más tiempo fuera del trabajo, al cuidado de sus hijos. Esta perspectiva, que ha monopolizado el diálogo, ha impedido una adecuada consideración de los argumentos que atañen a dos actores del núcleo familiar sobre los que tiene directa repercusión el tema.
El primero de ellos es el recién nacido, que es el destinatario primario de la legislación (aunque irónicamente los argumentos en torno a los beneficios que recibiría no son los más escuchados), por cuanto el posnatal es en esencia el derecho del bebé a estar los primeros meses con su madre, más que un derecho de la progenitora. El principio es asegurar un período mínimo de lactancia y apego, debido a que ambos elementos tendrían repercusiones positivas en la vida de los niños, en su desarrollo físico y social. El correlato de ahorros en salud pública (por una mejor nutrición en el primer trimestre de vida) implica también una rentabilidad social innegable.
Bajo esta perspectiva, un cuestionamiento a la extensión del período posnatal no tiene sentido, pues al poner en la balanza las posibilidades laborales de la madre con los derechos del recién nacido, éste último claramente ha de tener prioridad social en materia de políticas públicas.
El segundo de los actores, un tanto olvidado, es el padre. Ya se ha hablado en el proyecto de la posibilidad de compartir el período de posnatal, propendiendo a que la mujer pueda desarrollar actividades laborales.
Aquí, sin embargo, vale la pena una propuesta que permita igualar a hombres y mujeres de manera efectiva: un posnatal que pueda ser tomado indistintamente por el padre o la madre, dependiendo de las condiciones familiares y profesionales de ambos. Si se asimilaran los derechos, el eventual desincentivo de los empleadores para contratar una mujer desaparece, porque estará la incógnita de si será ella o el padre de su hijo quien se tome el posnatal. El análisis de un seleccionador tendría que ser extremadamente fino a la hora de las contrataciones.
Asimismo, ésto último permitiría un diálogo dentro de la familia, para una verdadera planificación familiar que lleve a las parejas a prever la llegada de un hijo cuando sea el momento preciso, y el nuevo integrante sea verdaderamente esperado, querido, y no sentido como un elemento que impide el ascenso profesional de los padres.
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